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Tras la caída del comunismo, Polonia siguió un proceso de liberalización económica acorde con el modelo capitalista occidental de la década de los 90. Este proceso tuvo un éxito relativo, ya que la privatización de pequeñas y medianas empresas y la ley para la creación de nuevas empresas ha alentado el desarrollo del sector privado, motor principal del crecimiento económico polaco. Sin embargo, el sector agrícola está debilitado por diversos problemas estructurales, como son el exceso de trabajo, las granjas pequeñas e ineficientes y la falta de inversión. Además, la reestructuración y privatización de ciertos sectores "sensibles", como el de producción de carbón, ha sido lenta, si bien las recientes inversiones extranjeras en la energía y el acero han introducido nuevas tecnologías que dan una oportunidad al futuro de estos sectores. Las reformas en los sistemas de salud, educación, pensiones y administración han elevado la presión fiscal. Las prioridades del gobierno polaco son la mejora de su déficit económico y de su política monetaria. El mayor progreso de la financiación pública depende principalmente de la privatización del resto de los sectores del estado, la reducción del empleo público y la modificación del sistema fiscal para incorporar a los granjeros, la mayoría de los cuales no paga impuestos. La economía polaca se encunentra en el periodo del gran crecimiento que incluye todos los principales sectores de la economía (i.e. servicios, industria, construcción de viviendas). Conforme a los pronosticos del Banco Nacional de Polonia, el incremento en valor de inversiones extranjeras, como también del consumo, constituyen un gran factor del crecimiento del producto interior brutto (PIB). También se puede observar el gran incremento de exportación pero en el mismo tiempo por la causa de la demanda interna que está creciendo rápidamente, como también la aceleración de importación que la acompaña, la relación de exportación netto al nivel del crecimiento general desde Q3 de 2006 permanece negativa. El rápido incremento económico está acompañado por el crecimiento del nivel de empleo y lógicamente la caída del nivel de desempleo. En Q3 de 2007 el PIB creció por 5,8%, mucho más que la media de la Unión Europea (2,9%). Se indica que la tasa de variación anual del consumo privado fue del 5,1%, la tasa de variación anual del consumo público alcanzó el 1,0%. Se produjo un incremento de la inversión bruta en bienes de capital del 20,8%, tal y como se esperaba, éste incremento fue inferior al del Q1, que experimentó un crecimiento del 26,2 %.